MAÑANA
Descansa, hija mía.
Cuídate y ten calma. No temas ni se acobarde tu corazón. — Estén quietos y reconozcan que yo soy Dios. — ¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? — La altivez del hombre será postrada; la soberbia del ser humano será humillada. Solo el SEÑOR será enaltecido en aquel día.
María, . . . se sentó a los pies del Señor y escuchaba su palabra. María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. — En arrepentí-miento y en reposo serán salvos; en la quietud y en la confianza estará su fortaleza. — Reflexionen en su corazón sobre su cama y estén en silencio.
Calla delante del SEÑOR y espera en él. No te alteres con motivo de los que prosperan en su camino, por el hombre que hace maldades.
De las malas noticias no tendrá temor; su corazón está firme, confiado en el SEÑOR. Afianzado está su corazón.
El que crea no se apresure.