MAÑANA
La esperanza no acarrea vergüenza.
Yo soy el SEÑOR, y que los que esperan en mí no serán avergonzados. — Bendito el hombre que confía en el SEÑOR, y cuya confianza es el SEÑOR. — Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado. Confíen en el SEÑOR para siempre, porque el SEÑOR es la Roca de la eternidad. — Oh alma mía, reposa solo en Dios porque de él es mi esperanza. Solo él es mi roca y mi salvación; es mi alto refugio; no seré movido. — Yo sé a quién he creído,
Dios, queriendo demostrar de modo convincente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, la garantizó con juramento para que, por dos cosas inmutables en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo estímulo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta por delante. Tenemos la esperanza como ancla de la vida, segura y firme, y que penetra aun dentro del velo donde entró Jesús por nosotros como precursor.
RO. 5:5. Is. 49:23. — Jer. 17:7. — Is. 26:3, 4. — Sal. 62:5, 6. 2 Ti. 1:12. He. 6:17-20.