MAÑANA
El fruto del Espíritu es . . . fe.
Por gracia son salvos por medio de la fe; y esto no de ustedes pues es don de Dios.
— Sin fe es imposible agradar a Dios. — El que cree en él no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. — ¡Creo! ¡Ayuda mi incredulidad!
El que guarda su palabra, en este verdaderamente el amor de Dios ha sido perfeccionado. Por esto sabemos que estamos en él. — La fe . . . actúa por medio del amor. — La fe sin obras es muerta.
Porque andamos por fe, no por vista. — Con Cristo he sido juntamente crucificado; y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios quien me amó y se entregó a sí mismo por mí. — A él lo aman sin haberlo visto. En él creen y, aunque no lo vean ahora, creyendo en él se alegran con gozo inefable y glorioso, obteniendo así el fin de su fe: la salvación de sus almas.