MAÑANA
No ruego que los quites del mundo sino que los guardes del maligno.
Irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación torcida y perversa, en la cual ustedes resplandecen como luminares en el mundo. — Ustedes son la sal de la tierra. . . la luz del mundo. Así alumbre la luz de ustedes delante de los hombres, de modo que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.
Yo también te detuve de pecar contra mí.
Pero fiel es el Señor, que los establecerá y los guardará del mal. — Yo no hice así a causa del temor de Dios. — Quien se dio a sí mismo por nuestros pecados. De este modo nos libró de la presente época malvada, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre. — Y a aquel que es poderoso para guardarlos sin caída y para presentarlos irreprensibles delante de su gloria con grande alegría; al único y sabio Dios nuestro Salvador sea la gloria, la majestad, el dominio y la autoridad ahora y por todos los siglos. Amén.