MAÑANA
El fruto del Espíritu es . . . mansedumbre.
Los humildes volverán a alegrarse en el SEÑOR, y los más necesitados de los hombres se regocijarán en el Santo de Israel. — Si no se vuelven y se hacen como los niños, jamás entrarán en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el más importante en el reino de los cielos. — Su adorno sea . . . en lo incorruptible de un espíritu tierno y tranquilo. Esto es de gran valor delante de Dios. — El amor no es ostentoso, ni se hace arrogante.
Sigue la justicia. — Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón. — Oprimido y afligido, pero no abrió su boca. Como un cordero, fue llevado al matadero; y como una oveja que enmudece delante de sus esquiladores, tampoco él abrió su boca. — Cristo sufrió por nosotros dejándonos ejemplo para que sigan sus pisadas. Él no cometió pecado, ni fue hallado engaño en su boca; Cuando lo maldecían, él no respondía con maldición . . . sino que se encomendaba al que juzga con justicia.