MAÑANA
La sangre rociada que habla mejor que la de Abel.
He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. — El Cordero, quien fue inmolado desde la fundación del mundo. — Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. Por lo tanto, entrando en el mundo, él dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo. Es en esa voluntad que somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.
Abel . . . trajo . . . de los primogénitos de sus ovejas, lo mejor de ellas. Y el SEÑOR miró con agrado a Abel y su ofrenda. — Cristo . . . nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio en olor fragante a Dios.
Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. — Teniendo plena confianza para entrar al lugar santísimo por la sangre de Jesús.