MAÑANA
Yo, el SEÑOR . . . los santifico.
Yo, el SEÑOR, su Dios que los he separado de los pueblos. Me serán santos, porque yo, el SEÑOR, soy santo y los he separado de los pueblos para que sean míos.
Santificados en Dios Padre. — Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. — Y el mismo Dios de paz los santifique por completo; que todo su ser, tanto espíritu, como alma y cuerpo, sea guardado sin mancha en la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Jesús padeció fuera de la puerta de la ciudad para santificar al pueblo por medio de su propia sangre. — El gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo . . . se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí mismo un pueblo propio, celoso de buenas obras. — El que santifica como los que son santificados, todos provienen de uno. Por esta razón, él no se avergüenza de llamarlos hermanos — Por ellos yo me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad. — Por la santificación del Espíritu para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre.